viernes, 9 de octubre de 2009

4° Mención

Noelia Pandolfi, pseudónimo: Ángel Gris

Carta del Amor a la Ausencia
Yo, que estuve en boca y corazón de todos. Yo, el causante de las locuras más insospechadas. El que prestó su nombre para las vergüenzas y crímenes más grandes de todos los tiempos. El experto jugador, que conoce todos los trucos, y tiene bajo la manga el as que todos esperan; el as de corazón. El que usa como baraja a todas las sensaciones. El eterno amigo del deseo. Mirada, tacto, gusto, oído y olfato. Cómplice de los secretos más profundos. El que sabe de cada reacción, de cada emoción. A veces tan culpable, a veces tan inocente. La eterna pregunta sin respuestas. El que regala confusión, el que dona interrogantes. El motor para miles de canciones, versos y rimas. El que eleva, pero también sabe hundir en lo más bajo. Yo, al que quisieron manejar con la razón, pero el instinto y la pasión fueron más fuertes. El que para algunos se bebe con perseverancia y para otros con resignación. Soy yo, el que humildemente viene hoy a hablarte a vos.
Vos, hija del Destino, o quizás la Casualidad. Siempre con tus tijeras para romper los lazos que tanto me costó unir. A la que juega a ganarme en cada nueva travesura. La dama vestida de negro, con manos heladas y tristes en los ojos. Tus armas dolorosas echan como saldo la Soledad, el Temor, la Desesperación. ¿Cuántas redes tejiste con el Recuerdo para que el Dolor crezca y se haga fuerte en miles de corazones? ¿Cuánto es el precio que te pagan las Lágrimas para que las ayudes a salir de aquellos ojos solitarios, echados sobre una almohada que ya no será compartida? Sé mucho de vos. Podés ver no hay cosas que esconder. Nos conocemos bien.
Llevamos encima de nuestras espaldas tantos años como el mismísimo Tiempo. Recuerdo que, desde el primer momento en el que nos conocimos, empezaste a prestar pelea. Siempre tan dispuesta a contrariar todo lo que digo. Sin embargo este, nuestro “tire y afloje”, es el que hace entretenida nuestra relación. Si habremos tenido peleas… Batallas ganadas por los dos bandos. Eligiendo al azar nuestras víctimas para acercarle todas las Sensaciones que tenemos en nuestro poder.
Sabés bien que hasta los más grandes se vuelve pequeños ante nosotros. Los más valientes, los mejores luchadores. Ninguno puede escapar de nuestras garras. A todos hicimos pernoctar a veces en crueles y fríos brazos, otras tantas en mis cálidas manos ¡Cuántas victorias! ¡Cuántos fracasos! ¿Cómo podemos regalarle nuestros recuerdos al desinteresado Olvido? Por eso te propongo que dejemos a nuestras mentes que vuelen y recuerden. Recordemos juntos para que los buenos momentos un mueran en esa oscura fosa olvidadiza que traiciona a la Memoria.
Desde el momento en que nos conocimos estamos atando y desatando cabos. Y sin duda la lista de historias es interminable. Táctica y estrategia, ante todos. Yo uniendo y vos Ausencia vengativa, llamando a tu amigo el Rumor, o a tus amantes Celos. Es sonido de la ilusión cayéndose en mil pedazos es la música de tus oídos. Te fascina seducir a mis enamorados para después embriagados de vos, embriagados de Ausencia.
Siempre te escondiste en la desunión y en la pelea para instalarte en nidos que quedaron vacíos. Y también recuerdo otros momentos que fueron mejores. Como en aquel instante en que nos unimos para lograr lo que quisimos. Revivamos el momento en el que clavé mi punta de oro y deseo en el corazón de Apolo. Y me aconsejaste como si fueras mi madre. Abriste mi mano y me diste la flecha de la indiferencia, para que clave el hierro en Dafne. Todavía Apolo cicatriza la ausencia de Dafne, quien en forma de laurel, deja a sus hojas jugar con el viento y el rocío.
Parecen que son pocos los días que nos separan de aquellas horas en las que me sentía invencible, tanto como para jugar con Edipo y Yocasta. ¿En qué momento pensé en unirlos? Menos horas nos separan de todos los demás. ¿Los recordás? Son tantos…
Todavía puedo reconocer a Romeo besando los labios envenenados de Julieta. A Calixto paseando por última vez en los jardines de Melibea. A Marco Antonio despidiéndose de su Cleopatra.
Penélope desteje su manto ante cada luna. Y luego aparece El Quijote recordando a Dulcinea. Y Adán probando la manzana de la mano de Eva. Detrás de cada uno de ellos, nosotros,
Regalé besos, enseñé cómo acariciar, cómo hablar, cómo seducir. Mientras que muchas veces, al mismo tiempo y a mis espaldas, vos, presentabas otros manjares para que pruebe ¡Cómo sufrió Catulo por nuestra culpa! Jugamos de la peor manera, trayendo comensales a mi mesa, para que degusten los dulces sabores que les podía ofrecer este viejo Amor. Almorzaban conmigo centenares, pero luego compartían un amargo licor con vos, quedando sólo con Ausencia.
Estos últimos recuerdos me sirven para decirte lo que busco. Siguen pasando los minutos y el Tiempo despiadado no perdona a nadie. Nosotros seguimos con nuestra rutina, improvisando las mismas historias, tomando a dos del montón para que se conviertan en amantes. A vos te digo que no te resistas. Tu Soledad, tus ganas de dejar a miles de corazones abandonados, todos tus intentos sabés que duran poco. Podés ganarme un par de batallas. Siempre habrá algunos en el mundo que mueran en su solitario nido, sin tener una compañía firme a cada hora. Pero absolutamente nadie muere sin probar lo cruel y lo benévolo a la vez del Amor. Son más aquellos que confían en mí, y los que luchan por encontrarme. Nadie se va de mí sin regresar. Podés robarme contadas almas, como mi niña Safo, pero son más los que me invocan y esperan mi socorro. Recordá siempre lo que te voy a decir: nadie está condenado a cien años de soledad. No pretendo desahuciarte. A pesar que tus intentos mueran rápido, y saque saldo a mi favor; te pido Ausencia tan insistente que te quedes conmigo, presentándome batalla. Ruego que no te vayas. Es este Amor que le pide a la Ausencia que no se aleje.
Vos, que separaste tantas parejas, que sabés cómo y cuándo faltar, te pido que sigas conmigo. No te canses de ver que los amantes vuelven a mí, con esperanzas de intentar de nuevo. Todo se volvería vano y aburrido si algún día dejás de enfrentarme. Te quiero conmigo.
Creas o no, al fin me doy cuento que no está mal una dosis de tu Soledad en las almas de los hombres. Hoy los hombres no valoran lo que tienen hasta que lo pierden, son ellos los que nos necesitan juntos para ganarle a la Avaricia, al Desinterés, quienes son nuestros verdaderos enemigos ahora, ellos junto con el Orgullo nos están dejando cada vez con menos peso en la vida del mundo.
Ausencia querida, soy yo el que ahora recuerda con nostalgia nuestras buenas épocas. Los que ahora reposan olvidados somos nosotros. Sigamos eligiendo a dos del montón, enseñémosles las lecciones que deben aprender y sigamos sumando historias a nuestro archivo de recuerdos juntos. El Amor necesita de los elixires de la Ausencia. Tus trucos, hechizos y jugadas. Por último, llenemos las copas de mis deseos y tus trampas. Levantemos los brazos con tus frías manos y mis cálidos y tiernos dedos. Nos miremos a los ojos para comprendernos de la manera más cómplice que jamás se haya visto. Y brindemos por lo que fue… y brindemos por lo que será.